Miguel Ángel López, que a pesar de los problemas mecánicos, confusiones en las estrategias, aficionados atravesados, falta de energía y esa mala suerte, logró tener un top 10, quedando en el séptimo puesto y además, coronándose campeón de la clasificación de los jóvenes… No es fácil.

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Ni siquiera un poco fácil. Aguantar un ritmo por más de 90 horas, que fue el acumulado de tiempo del Giro de Italia y seguir adelante, atacando, valiente, proponiendo, arrancando, cayendo, parando, hasta golpeando no es sencillo. Y así Miguel Ángel López terminó el Giro de Italia en los 10 primeros.

Existen circunstancias de carrera que son difíciles de acarrear, como una avería mecánica, un pinchazo o una caída. Si te pasa alguna de ellas, te recuperas y sigues, a menos que la caída te saque. Pero que te pasen todas en una carrera de 3 semanas da para dos cosas: para que te retires por tu mala fortuna y tu desazón; o que sigas y te relegues en la general.

Si pensamos en esto, podemos dimensionar la frustración pero la perseverancia en plena competencia. Valores que en medio de la mala suerte toma una mayor virtud, por lo que lo hecho por López es de aplaudir. Entre Carapaz, López y algo de Landa, movieron la carrera, de resto, nadie más, ni Yates que terminó por debajo del colombiano.

Finalmente el resultado es bueno: séptimo lugar y campeón de los jóvenes. Con toda la suerte en su contra, la manera de seguir la encontró en sus piernas y en su fuerza. Muchos querrían tener la capacidad de López, que aun se sigue descubriendo.

Y solo tiene 25 años. Un futuro brillante. Tendrá más oportunidades, más suerte, más experiencia… Cuando empiece a atacar en la montaña de la mejor forma tendremos a un Miguel Ángel tremendo y con buenas opciones para ser él quien viva lo que vivió Carapaz en el Giro.

Por lo anterior, gracias Miguel Ángel López.

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