Mikel Landa tiene una promesa pendiente de cumplir. Y esa promesa la forjó desde que estaba en el Astana y trabajó para Fabio Aru en 2015, cuando el italiano quedó en el segundo lugar. El tercero sería el español, quien se descubría como uno de esos ciclistas españoles dispuestos a revolucionar el pelotón.

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Luego pasaría al Team Sky, donde fue cuarto en el Tour de Francia de 2017 y convencido que pudo haber ganado ese año a Chris Froome, su jefe de filas, decidió salir de allí con la firme intención de ser él, el próximo que ocuparía el lugar más alto del podio de una grande. Su trabajo como gregario el demostró que no estaba hecho para esa posición y por eso fichó por el Movistar Team.

Y al salir del Sky dijo: «Vaya donde vaya, quiero ser líder» y fue el pregonar dicha idea para que se extendieran la etiqueta #FreeLanda y #Landismo en redes sociales. Y entonces el de Murguía fue a parar al equipo de Unzué, quien dijo que ahí sería líder, pero no lo ha logrado porque siempre hay un ciclista que le roba el protagonismo:

En el Astana, Fabio Aru, en el Sky, Chris Froome; llegando a Movistar, se encontraría con Nairo Quintana y ahora, en el Giro donde iba a tomar esa tan ansiada posición, en el que llegaba con las garantías de ser el capo, el famoso liderato que tanto ansiaba, apareció de la nada, Richard Carapaz.

Y no hubo otra que volver a las viejas andanzas y ante la frustración de no ser el ciclista principal, por el que el equipo trabajará y quien portara la Maglia Rosa, a Mikel le tocará aplazar su promesa por otro año más y servirá a Carapaz en lo que resta de Giro de Italia.

Y tendrá que sonreír y hacer un trabajo profesional (como siempre lo ha hecho), pero ante todo consciente del momento que vive el equipo. Es casi seguro que con el desgaste de ahora tendrá que servir a Nairo en el Tour o reservarse para la Vuelta a España, por lo que su liderazgo todavía está pendiente.

En las etapas de montaña se le vio servicial y España lo reconocen. Las editoriales lo marcan como el gregario y no que más que hacerlo, que cumplir, que acatar y que trabajar por Carapaz, aunque no pierden las esperanza:

«Ante este panorama, Landa ha vuelto a enfundarse el traje de faena sin objeciones en el Mortirolo, con buen desempeño: Nibali, neutralizado, y Roglic, distanciado. Unos minutos antes, su compañero Imanol Erviti dijo en Eurosport que era partidario de seguir con la estrategia que mejor había funcionado: la coordinación entre ambos. Landa ayudó al líder, lógico, pero convendría no quemarle del todo y mantener esa bala disponible, sin que ello suponga volver al grito de #FreeLanda«. El autor, Juan Gutiérrez, del portal As, nombra a su columna ‘El buen gregario Landa’.

Sí, Landa merece la oportunidad de capitanear a un equipo, ¿pero cuándo le llegará la hora de hacerlo? Por ahora, no será así y con la sequía del Movistar, si es necesario un Landa gregario hasta el final para asegurar el rosa de Carapaz, sin más, lo harán.

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