Por: Pablo Alejandro Figueroa Páez

Las críticas no paran con respecto al nivel de Nairo Quintana y lo que ha sido su participación en La Vuelta a España. Para muchos es un fracaso que el colombiano no haya podido responder a los ataques de los favoritos y que cada vez esté más lejos Simon Yates en la general.

Quintana inició La Vuelta a España como uno de los tres grandes favoritos para apoderarse de la camisa roja, no obstante, con el pasar de las etapas y pese a que se ha logrado mantener en el top 10 de la clasificación, ha cedido tiempo y poco a poco esa ilusión de verlo nuevamente como el ganador de una de las carreras más importantes en Europa, se fue desvaneciendo.

En Colombia el deporte puede llegar a ser una de las razones para celebrar y festejar unidos, como colombianos. Sin embargo, también es fácil olvidar y cada vez que uno de los nuestros no logra su cometido, podemos ser los máximos carroñeros y destrozar con facilidad todos los logros y el enorme trabajo que se ha realizado.

Parece  que en el país es más difícil ser el favorito en alguna disciplina deportiva que ser uno más, “del montón” si se quiere decir. Ya sea en el fútbol con la selección  Colombia, en el ciclismo, tenis, atletismo o cualquier deporte, ser favorito te implica una condición de tener que ser el mejor sí o sí, ya que si no lo haces, la lluvia de feroces críticas no se hará esperar.

Hemos sepultado la carrera de muchos deportistas, hemos dicho que en algún momento alguno de ellos ya no tiene nada más que mostrar, nos hemos sentido furiosos cuando las cosas no se dan y simplemente preferimos el camino fácil, enterrar su talento, su esfuerzo por llegar hasta allí y sentirnos como perdedores.

Es lógico que cada uno de esos deportistas están ahí para ganar, pero cuántas veces no hemos crucificado a alguno de ellos porque lo intentó y no pudo. No somos capaces de entender que en la vida también se puede perder y que eso no borra lo que ya se ha hecho.  ¿Puede llegar a ser tan duro cargar a cuestas el nombre de un país?.

Nairo Quintana a lo largo de su carrera ha demostrado que es uno de los mejores ciclistas del planeta, eso no se lo quita nadie. Es el mejor ciclista en la historia del país y con 28 años cuenta en su palmarés con triunfos históricos que al parecer, hoy, ya se los llevó el viento.

El oriundo de Cómbita nos tiene más cerca que nunca,de poder vivir esa tarde utópica en donde en los Campos Elíseos, un colombiano, vestido de amarillo cruce la línea de meta y se convierta en el primer compatriota en conquistar la carrera más importante del planeta.

No podemos ser injustos con Quintana, si bien las cosas en los últimos años no han salido como él y todos esperábamos, sigue trabajando arduamente por poner en alto el nombre del país en lo más alto del planeta. Se esfuerza por pedalear con el corazón cuando las piernas ya no tienen fuerza para no defraudar a su pueblo y cada vez que se sube a una bicicleta, seguramente lo hace por todos nosotros, con la ilusión de ser el mejor… ¿Y nosotros cómo respondemos?.

Hoy, más que nunca, le agradezco a Quintana por permitirnos soñar, por unirnos, por enseñarnos que en un deporte (que en su gran mayoría es europeo) un colombiano criado a punta de arroz y huevo, puede imponerse, que Colombia es más que Pablo Escobar y que el esfuerzo tiene sus frutos…  Con Nairo en las buenas y en las malas.